Son las 8:30 de la mañana y me veo en la 104 en dirección al gimnacio. Menos mal que no es a la U. Cada vez detesto más el transporte público. Es una tortura. En las noticias matutinas decían que el metro hoy alcanza la densidad de 7 personas por metro cuadrado, es decir, 6 personas más metidas en mi metro cuadrado y yo invadiendo el suyo.
Eran las 8 am y no dejaban pasar los torniquetes de ingreso. Seguramente adentro era un caos. Y una vez adentro el panorama no era muy ajeno a mis pensamientos.
Claro! Todos odiamos el metro! Por eso todos traemos estas caras. Todos queremos llegar a nuestro destino a una hora prudente para así poder cumplir con un día laboral más. Todos somos esclavos del tiempo y nos jugamos la vida por entrar en el puto vagón.
Ahora comprendo a aquellos que se aíslan en sus audifonos para resguardar el correcto estado de ánimo. Ahora comprendo que aquellos que no ocupaban audifonos estaban tratando de compartir buena onda y ¿buena música?, en fin. Ya voy llegando a mi destino. Espero terminar de leer a Ramón Griffero hoy en la tarde y pasar el ramo.
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